Restaurante familiar con platos de comida casera. Ubicado en el corazón de Pipa!
Sobre la Avenida Baía dos Golfinhos, a la altura del 155, hay una pared blanca con un cartel de madera, una hamaca colgante llena de flores y un banco con almohadones. Esa esquina es la puerta de una casa argentina: adentro se come milanesa, empanada y carne de corte argentino, y la cocina trabaja desde las once de la mañana hasta las once de la noche, los siete días de la semana.
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| Tipo | Restaurante · cocina argentina |
|---|---|
| Zona | Avenida Baía dos Golfinhos, Praia da Pipa |
| Dirección | Av. Baía dos Golfinhos 155, Tibau do Sul (RN) |
| Horario | Todos los días, 11:00–23:00 |
| Servicio | En el local · retirada en la puerta |
| En la carta | Carnes argentinas · milanesas y parmegianas · mar y risottos · massas · woks · empanadas |
| Con chicos | Menú infantil propio, con tres platos |
| Sin carne | Hamburguesa vegana de lentejas y wok de tofu vegetariano |
| Contacto | +55 84 99485-0693 |
| @elbodegondepipa |
La carta está dividida en bloques y cada bloque resuelve una mesa distinta. Lo que sigue sale de la carta que la propia casa fotografió y subió a su galería.
Es el bloque que le da nombre a la casa y el que conviene mirar primero. Hay tres cortes a la parrilla, los tres anunciados como argentinos: picanha, bife de chorizo y assado de tira. Cada uno se pide con dos acompañamientos a elección entre arroz, ensalada, papas fritas, verduras grilladas, puré y frijoles, así que la mesa arma el plato en vez de recibirlo cerrado.
Para compartir está la tabla de carnes, que junta filé mignon, picanha argentina, assado de tira, pollo y chorizo, con papas fritas, vinagreta y salsa barbacoa. Es el pedido de una mesa de cuatro que quiere probarlo todo sin discutir.
Acá está la parte más reconocible de una cocina argentina de barrio. Hay milanesa de carne y milanesa de pollo, servidas con arroz y un acompañamiento a elección, y las dos versiones a la parmegiana. Se suma el filé mignon al champiñón con puré, que es el plato de cuchillo y tenedor sin parrilla de por medio.
La carta de mar es larga y es la prueba de que la casa no se encerró en un solo repertorio. Hay atún a la plancha con teriyaki y verduras grilladas, pescado a la plancha con salsa de camarones, risotto de camarones y risotto de frutos de mar; moqueca de camarón y moqueca de peixe; caldeirada de frutos de mar con arroz y pirão; y el camarón tropical flambeado en la piña, que llega servido dentro de la fruta, con arroz a la griega y papas sauté. Para quien quiere todo junto, la mistura do mar trae calamares, camarones y pescado empanados.
Entre las entradas aparecen las empanadas fritas, el petisco de picanha, el ceviche de pescado, los calamares dorados, el camarón empanado en panko y la tostada con guacamole. Los woks se sirven con arroz oriental, verduras grilladas, crema de limón y salsa de soja y sake, y vienen en versión de camarón o de tofu. Y la hamburguesa tiene una variante vegana, con medallón de lentejas, espinaca y linaza en pan de chapata, remolacha asada, cebolla caramelizada, mayonesa de zanahoria y tomate seco, con chips de batata. Las massas —espagueti y fetuccine— se piden con salsa de tomate, mixta, cuatro quesos o blanca.
La casa tiene un menú infantil propio, con tres platos pensados para ellos: pollo a la plancha con arroz y papas fritas, espagueti a la manteca con parmesano, y tiras de filé mignon con papas fritas. Es un dato que pocas cartas de la villa traen escrito, y resuelve media negociación familiar antes de sentarse.
La carta de bebidas acompaña el tamaño de la de comida. Hay cerveza en una lista larga, vino por copa en tinto y blanco, y destilados —whisky, tequila, vodka, licores y cachaça especial—. La coctelería tiene nombres propios: lagoa azul, mar rosa, margarita y margarita de frutilla, gin tropical y gin tónica, mojito, caipirinha, caipiroska, caipifruta, cuba libre, piña colada, daiquiri y ron tropical.
Del lado sin alcohol hay jugos naturales —piña, acerola, cajú, naranja, limón, maracuyá, uva— y una línea de jugos mixtos y especiales: frutilla con naranja, frutilla con agua de coco, acerola con naranja, piña con limón, manzana y agua de coco. Y hay un trago sin alcohol de frutas con helado, que es lo que pide la mesa con chicos.
El rincón que identifica la casa es el de la hamaca: una pared blanca de ladrillo pintado, un cartel de madera con el nombre tallado, una hamaca colgante cubierta de flores y un banco largo con almohadones. Es el lugar donde se espera mesa y el que todo el mundo reconoce desde la vereda.
Adentro, el salón es de techo alto con tejas a la vista, vigas blancas, ventiladores de techo, lámparas tejidas colgando y plantas que bajan desde las vigas. Las mesas y las sillas son de madera clara, y al fondo está la barra con las botellas. Hay música en vivo, y se nota en cómo está armado el salón: queda espacio despejado delante de la barra.
La cocina se ve en los platos: llegan en vajilla rayada en azul y blanco, con canastas de papas aparte y boles de arroz al costado. Es servicio de restaurante con mozos, no de mostrador, y el formato está pensado para que la mesa reparta.
Abre los siete días, de 11:00 a 23:00. Doce horas seguidas, sin cerrar entre almuerzo y cena, y sin un solo día de descanso. En una villa donde buena parte de las cocinas cierra uno o dos días por semana, eso convierte a la casa en la carta segura para el día que no se planificó.
El horario corrido tiene una consecuencia práctica: se puede comer a las tres de la tarde, que es la hora en la que la mayoría de las cocinas de la avenida está cerrada. Para el que sube de la playa tarde, o para el que llegó a Pipa a media tarde y todavía no almorzó, es la salida directa.
Para la cena, la cocina sigue hasta las once de la noche. Es la franja en la que la avenida se llena y en la que suena la música en vivo, así que conviene avisar antes por WhatsApp si la mesa es grande o si se quiere un lugar determinado.
Está sobre la Avenida Baía dos Golfinhos al 155, la calle principal de la Praia da Pipa. Se llega caminando desde cualquier punto del centro de la villa por la propia avenida, sin desviarse y sin cruzar nada.
Desde la Baía dos Golfinhos se sube por la misma avenida, así que entra bien en el camino de vuelta de la playa, antes de pasar por el alojamiento. Si llegás desde Natal, desde el aeropuerto o desde otra playa del litoral, mirá las opciones de traslados para resolver el tramo hasta la villa y moverte después a pie.
La casa declara retirada en la puerta: se pide por teléfono y se pasa a buscar sin entrar al salón. No declara entrega a domicilio, así que el retiro es la vía. Con una carta de este tamaño —carnes con dos acompañamientos, massas, woks, risottos— es una salida concreta para la noche en la que no se quiere salir del apartamento y se quiere comer algo que no sea pizza.
Para el argentino que viaja y extraña la milanesa y la empanada, y para el brasileño que quiere probar un bife de chorizo sin salir del centro de Pipa.
Para la mesa familiar: hay menú infantil propio, horario corrido desde las once y una carta lo bastante larga como para que cada uno pida lo suyo.
Y para la mesa mixta en la que uno no come carne: hay hamburguesa vegana, wok de tofu, massas con salsa blanca y una carta de mar entera.
Sí. Los siete días de la semana, de 11:00 a 23:00. No tiene día de cierre.
Sí. La cocina trabaja de corrido de once de la mañana a once de la noche, sin cerrar entre almuerzo y cena.
Picanha argentina, bife de chorizo y assado de tira a la parrilla, cada uno con dos acompañamientos a elección, y una tabla de carnes para compartir.
Sí: hamburguesa vegana de lentejas, espinaca y linaza, wok de tofu vegetariano, massas con cuatro salsas y toda la carta de mar.
Sí, con tres platos propios: pollo a la plancha con arroz y papas, espagueti a la manteca con parmesano y tiras de filé mignon con papas.
Entrega a domicilio no está declarada. Sí trabajan retirada en la puerta: se encarga y se pasa a buscar.
Sí. La casa tiene música en vivo en el salón.
Sobre la Avenida Baía dos Golfinhos al 155, en pleno centro de la Praia da Pipa, a pasos de todo.